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JARA MELAGRANI & ASOC.
ABOGADOS


TRABAJO DE ADSCRIPCIÓN



LA POLÍTICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS
LA DOCTRINA MONROE Y SU EVOLUCIÓN. EL CASO DE AMÉRICA LATINA.



DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO



LINARES, PABLO CHRISTIAN



CORRIENTES 2007








INDICE


  1. INTRODUCCIÓN……………………………………………………………… 3

  2. La Doctrina Monroe……………………………………………………. 4

  3. La Doctrina Truman …………………………………………………… 9

  4. La Alianza para el Progreso………………………………………. 16

  5. El Informe KISSINGER…………………………………………………… 20

  6. Documento Santa Fe I………………………………………………….. 22

  7. Conclusiones……………………………………………………………… 26

  8. Notas……………………………………………………………………………29

  9. Bibliografía………………………………………………………………... 30

  10. Documentos………………………………………………………………….30








LA POLÍTICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS: LA DOCTRINA MONROE Y SU EVOLUCIÓN. EL CASO DE AMÉRICA LATINA


  1. INTRODUCCIÓN


Comienzo el presente trabajo aclarando que en mi profesión de jurista, resulta difícil desarrollar un tema como el que se pretende, debido a que no cuento con conocimientos especializados vinculados a las Relaciones Internacionales, ni tampoco tengo el título de Licenciado en RR. II.

La real academia española define a la doctrina como: “opinión que comúnmente profesan la mayoría de los autores que han escrito sobre una misma materia”(1) y a la política: Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado”(2)

La pregunta que tratamos de responder y es objeto de nuestro trabajo, es si la Doctrina Monroe es conceptualmente una doctrina, cuya característica principal es la que se debe mantener incólume en el tiempo o si en su defecto, es el génesis de una política exterior notoriamente expansionista de EE.UU., que perdura hasta nuestros días.

Por eso se propone indagar los discursos y hechos que permitan establecer una relación entre la Doctrina Monroe de 1823, la Alianza para el Progreso de 1961, el Informe Kissinger de 1974, el Plan Santa Fe I de 1980.

También se puede incluir en éste análisis otros documentos como ser el Informe Rockefeller de 1969, el Documento Santa Fe II de 1988 y el Documento Santa Fe IV de 2000; pero ello significaría una mayor extensión del presente trabajo, pero solamente se analizarán los documentos considerados fundamentales y se los examina de una manera simplificada.

Además, es cierto que cada uno de estos documentos es susceptible de ser estudiado en profundidad – pero ello no es objeto del presente trabajo – ya que los mismos resultan necesarios para responder al interrogante de: en qué medida se puede pensarse en una continuidad en la política exterior norteamericana.

Esta suposición se orienta en la idea de que pueden hallarse indicios de una continuidad en los discursos y acciones del gobierno estadounidense, sobre todo respecto a América Latina, desde mediados del siglo XIX hasta el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. A su vez, la persistencia de algunas características de la política exterior norteamericana se articularía en torno el eje de la tan mentada seguridad – como si fuera un mito mesiánico - que de acuerdo con los discursos oficiales y extraoficiales del gobierno norteamericano, sería uno de los aspectos fundamentales en su política internacional y en particular, su vínculo con América Latina.

Se intentará establecer la relación entre los documentos a partir de una primera diferenciación en dos tipos: aquellos que al parecer manifestaban directamente la necesidad de que Estados Unidos lograra y mantuviera una hegemonía continental como lo expresan claramente los discursos de Monroe, Truman y el Plan Santa Fe I; de aquellos discursos como el de la Alianza para el Progreso y el Informe Kissinger, que desde el comienzo se presentaron oficialmente dirigidos a la cooperación y el desarrollo de América Latina.

Para comenzar, corresponde hacer referencia al Destino Manifiesto (Manifest Destiny) que constituyó uno de los conceptos que mejor reflejan la identidad política de Estados Unidos; su uso data de los años cuarenta del siglo XVIII, cuando la violenta expansión territorial del colonialismo europeo y las matanzas de los pueblos indígenas que la acompañaron, requerían de una ideología justificadora. Las almas de los piadosos puritanos se quedaron redimidas al descubrir que los colonialistas solo cumplían con un designio divino, cuando hacían proliferar sus instituciones en el hemisferio occidental y aun en el mundo entero.

La formula se trataba del cumplimiento de Destino Manifiesto de cubrir el continente asignado a nosotros por la providencia para el libre desarrollo de nuestros millones de pobladores que se expanden cada año, el credo expansionista que de hecho había regido la política de los colonialista europeos que tocaron tierra en Virginia en 1607 y Massachussets en 1620. (3)


2. La Doctrina Monroe

La Doctrina Monroe de 1823 - pronunciada por el presidente James Monroe (1817-1825) puede ser considerada como la primera declaración explícita del gobierno norteamericano en lo relativo a política exterior continental. Varias de las intervenciones del gobierno norteamericano en países de América Latina en el plano de lo económico, lo político o lo militar, contaron con el respaldo de los mandatos de Monroe.

La política expresada en la doctrina Monroe, puede resumirse en las siguientes palabras: No hemos intervenido ni intervendremos en las colonias o dependencias de cualquier potencia europea; pero cuando se trate de gobiernos que hayan declarado y mantenido su independencia y que después de madura consideración y de acuerdo con justos principios, hayan sido reconocidos como independientes por parte del gobierno de Estados Unidos, cualquiera intervención de una potencia europea, con el objeto de oprimirlo o de distinguir de alguna manera sus destinos, no podrá ser vista por nosotros sino como la manifestación de una disposición hostil hacia Estados Unidos. Cuando reconocimos a esos nuevos gobiernos, declaramos nuestra neutralidad entre ellos y España; hemos seguido y seguiremos esta política, siempre que no haya un cambio que, a juicio de las autoridades competentes de este gobierno, hagan indispensable para nuestra seguridad un cambio correspondiente en la política de los Estados Unidos.(4)

Esta nueva política del gobierno norteamericano intentaba mostrarse como una estrategia solidaria con respecto a los demás países del continente recién independizados, posicionando a los Estados Unidos como defensores o hermanos mayores de las demás naciones recién independizadas, que carecían de los recursos necesarios para defenderse solas.

En esta situación, el gobierno norteamericano estaba dispuesto a luchar por ellas contra la tiranía de las potencias europeas. Esto nos indica que la Doctrina Monroe se presentó, en principio como un discurso defensivo, para el caso de que algún país fuera atacado por un Estado exterior al continente, el hermano del Norte estaría dispuesto a defenderlo.

A partir de aquel momento, la seguridad comenzó a constituir la clave de los discursos y las políticas de relaciones exteriores norteamericanas, más allá del discurso en los hechos la Doctrina Monroe adquirió tantos significados como gobiernos se sirvieron de ella.

Ésta Doctrina fue realizada en base a la amenaza que implicaba la presencia europea en el continente, en especial de la Santa Alianza, que constituyó una respuesta al peligro que significaron la Revolución Francesa y Napoleón para las viejas monarquías europeas.

La misma fue concertada el 14 de septiembre de 1814 entre Alejandro I de Rusia, Francisco I de Austria y Federico Guillermo III de Prusia como un pacto religioso para establecer lazos fraternales entre reyes y súbditos de acuerdo con los principios cristianos y se invitó a firmarlo a todos los soberanos europeos. Así lo hicieron Francia, España, Portugal y Suecia. Sin embargo, este pacto religioso tomó un carácter totalmente distinto en manos del canciller austriaco Metternich convirtiéndose en una sociedad de socorros mutuos de los reyes contra los países sublevados.

Asimismo, desde diferentes perspectivas se niega la posibilidad de un certero ataque Europeo a las ex-colonias para reconquistarlas, teniendo en cuenta que la Santa Alianza no contaba con el apoyo de Gran Bretaña, que en ese entonces era la única potencia capaz de asegurar una victoria, debido a su poderío naval. (5)

Lo cierto es que la presente doctrina, en varias oportunidades fue utilizada como justificativo de intervenciones de diferente tipo en países latinoamericanos, particularmente en México y la zona del Caribe.

Pero cuando los países latinoamericanos, en determinados momentos consideraron indispensable la aplicación de la Doctrina, el gobierno norteamericano resolvió no inmiscuirse acudiendo a diferentes argumentos. Ejemplo de ello, el gobierno norteamericano evitó aplicar la doctrina en ocasión del bloqueo al Río de la Plata perpetrado por Francia a fines de 1830.

Por eso es que determinadas ocasiones, la supuesta doctrina era invocada como mandamiento divino, mientras que en otras situaciones era dejada completamente de lado.

Los hechos señalados, nos conducen a pensar que probablemente, la razón por la cual fue elaborada y posteriormente legitimada esta doctrina, la supuesta defensa de la independencia del continente americano, quizás no fue realmente el fundamento de esta doctrina, ni de la política exterior norteamericana en general. No obstante, estas premisas se instalaron en los discursos y la práctica de relaciones exteriores estadounidenses, que fueron utilizadas de acuerdo a los intereses de los gobiernos norteamericanos de turno.

Este pragmatismo cristalizó en la aplicación de la Doctrina Monroe, que si en ciertos casos no tenía poder de injerencia, en otros constituía la base del accionar del gobierno norteamericano. Por ejemplo, esta doctrina permitió la justificación de Estados Unidos de la anexión de territorios que desde la conformación de los Estados Unidos habían estado en la mira por resultar fundamentales para el desarrollo del país.

Un caso que cabe resaltar en el de Cuba, Thomas Jefferson en una carta del 22 de octubre de 1823 manifestaba: Pero tenemos que preguntarnos primeramente si deseamos adquirir para nuestra confederación, alguna o algunas de las provincias españolas. Confieso ingenuamente que siempre he considerado a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de Estados. El dominio de esta isla junto con la punta de la Florida, nos daría sobre el Golfo de México y los países e istmos que lo limitan, lo mismo que sobre todas las aguas que en el desembocan, llenaría la medida de nuestro bienestar.(6)

En este sentido, vemos que la doctrina permitía presentar la anexión de territorios como algo necesario y legítimo. La justificación se hallaba en que cualquier acción de Estados Unidos sería a fin de mantener la seguridad interna de la Confederación.

Pero lo interesante es que se resistía a pensar a esta Doctrina como el único principio de relaciones exteriores, porque planteaba que había casos en los que los Estados Unidos debían intervenir militarmente, más allá de los preceptos de Monroe.

Mientras Cuba permanezca en poder de España, potencia amiga, potencia a la que no tememos, la política del gobierno será (…) dejar Cuba como está, pero con el designio expreso, que espero no ver nunca abandonado, de que si Cuba sale del dominio de España, no pase a otras manos sino a las nuestras. Y esto no por ambición, no por el deseo de extender nuestros dominios, sino porque la isla es indispensable a la seguridad de los Estados Unidos (…) en la misma categoría mencionaré otro caso: el de Tejas; si hubiera sido necesario, habríamos resistido a una potencia extraña.(7)

Lo que cabe señalar aquí es que con o sin Doctrina Monroe, la anexión era un aspecto fundamental de la política exterior norteamericana y que el manifiesto de Monroe, la mayoría de las veces se presentó como universal y se sirvieron de él de acuerdo a las necesidades del establishment norteamericano, siempre apoyado en la excusa de la seguridad de la Confederación.

Resultó un instrumento indispensable para la estrategia expansionista, debido a que le otorgaba una fachada legal a acciones de clara intervención en la soberanía en los Estados latinoamericanos.

Las relaciones de Estados Unidos respecto a los países al sur de su frontera queda clara en el caso de Cuba, pero en 1.854 la actitud de Estados Unidos no era ya de tanta serenidad: Nuestra historia nos impide adquirir Cuba sin el consentimiento de España, excepto en el caso de que a ello nos veamos compelidos por la gran ley de la propia conservación… Si después de haber ofrecido a España por la isla de Cuba un precio superior a lo que ésta vale, resulta nuestra oferta rechazada, habrá llegado el momento de considerar hasta dónde Cuba española pone en peligro nuestra paz interior y la existencia de nuestra amada Unión. Si este peligro existe, estaremos justificados, dentro de toda consideración de derecho divino y humano, a arrancarla del dominio, siempre que podamos hacerlo.(8)

En esta declaración aparecen varias cuestiones que hacen a la estrategia exterior norteamericana. En primer lugar, plantean que sólo podrían apoderarse de Cuba en caso de amenaza a la seguridad de Estados Unidos. Si esto no sucediera, de cualquier manera intentarían obtener la isla por otros medios, como el dinero. En caso de que España no cediera ante esta oferta, los Estados Unidos se verían obligados a intervenir militarmente para quedarse con ella, amparándose en la amenaza que la presencia de España implicaba para la seguridad norteamericana.

En síntesis: la Confederación necesitaba el territorio de Cuba, apelando en primera instancia a la Doctrina Monroe para justificar el hecho, pero si los acontecimientos no se daban como el gobierno norteamericano lo esperaba, intervendrían militarmente la isla.

Todo esto demuestra palmariamente la omnipotencia que se le atribuía esta nación, lo cual justificaba la intervención en cualquier espacio del continente. A partir de este tipo de premisas, se fue configurando una relación notablemente asimétrica entre Estados Unidos y América Latina: el gobierno norteamericano estaba habilitado para intervenir en cualquier circunstancia y no sólo en los casos en los cuales se amenazara su seguridad interior. De cualquier manera, en general, los Estados Unidos apelaron a la cuestión de la propia seguridad para justificar sus acciones.

A principios de siglo XX, Theodore Roosvelt, aseguraba: Todo país cuya población se conduzca correctamente podrá contar con nuestra cordial amistad. Cuando una nación haya dado pruebas de razonables capacidades y de cierta decencia en sus negocios políticos y sociales, no tendrá que temer ingerencias de parte de Estados Unidos. Pero un desorden crónico, una impotencia constante para mantener los vínculos que unen a las naciones civilizadas de América como en todas partes, podrán requerir la intervención de alguna nación civilizada y en este hemisferio la fidelidad de los Estados Unidos a la doctrina de Monroe, podría obligarlos, aunque eso les repugne, a ejercer un poder de policía internacional, en caso flagrante de tales desórdenes o de semejantes impotencias.(9)

Aquí queda claro que Estados Unidos debía ser temido en caso de que las cosas no se hicieran al modo que esperaba el gobierno norteamericano, particularmente en lo relativo al orden. En caso contrario, el hermano del Norte se vería obligado a ejercer su poder de policía internacional para actuar en beneficio del orden y la paz.

La Doctrina Monroe se materializó en otras doctrinas y prácticas en el marco de las relaciones exteriores norteamericanas, que implicaron diferentes formas de intervención (política, económica y militar) en los países de América Latina desde mediados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial:

Ejemplo de ello son: la anexión de Texas (1836-1845); la guerra contra México, donde se produjo la ocupación militar de su capital y la toma sin retorno de un inmenso territorio (1845-1848); la ocupación de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, etc. (1898) luego de la guerra contra España; el levantamiento insurgente de la empresa constructora del Canal de Panamá contra el gobierno de Colombia para su secesión, invocando para ello algo parecido a la autodeterminación de los pueblos (1903); la injerencia de Estados Unidos en la soberanía de diferentes Estados latinoamericanos, haciéndose cargo de las responsabilidades internacionales en América Latina (1904); el montaje definitivo de una política externa de intervencionismo preventivo sumado a la “diplomacia del dólar” de la administración de W. H. Taft (1909-1913), que conduciría a numerosas y reiteradas intervenciones militares de Estados Unidos en el área del Caribe y de Mesoamérica. El respaldo del gobierno norteamericano a las dictaduras más reaccionarias que se instalaron en América Latina como la de Trujillo en República Dominicana (1930-1961); la de F. Batista en Cuba (1934- 1959) y la de los Somoza en Nicaragua (1936-1979).


3. La Doctrina Truman


La Segunda Guerra Mundial produjo una verdadera transformación en todo el sistema que regía las relaciones entre las naciones. Europa Occidental, centro del poderío mundial durante siglos, estaba físicamente destrozada y económicamente postrada.

Las cuatro principales potencias de preguerra – Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia – estaban enormemente debilitadas y no se encontraban en condiciones de liderar al viejo continente, mucho menos al mundo.

Ante el indefectible declive de las potencias europeas, fueron los restantes triunfadores de la contienda, Estados Unidos y la Unión Soviética, los que emergieron como las principales potencias hegemónicas en el nuevo orden internacional de la segunda posguerra.

Durante el conflicto, la lucha contra un enemigo común disfrazó temporalmente las enormes diferencias políticas, económicas y sociales existentes entre ambos. Pero pronto, soviéticos y norteamericanos se encontraron enfrentándose en una confrontación definitivamente hostil.

Para el gobierno norteamericano, la política soviética de satelización de Europa Oriental de los estados liberados u ocupados por el Ejército Rojo durante el conflicto bélico, había transformado a la URSS de un aliado en la guerra a un enemigo en la posguerra, cuyos intereses vitales no podían ser reconocidos sin poner en peligro aquellos de los Estados Unidos.

De esta manera, los líderes norteamericanos, entendedores de que comunismo y capitalismo eran definitivamente incompatibles, delinearon una nueva política exterior menos conciliatoria y mucho más firme.

Actuando en consecuencia, en marzo de 1947, Washington proclamó los lineamientos de esta política en la llamada Doctrina Truman. En ella, se manifestaba abiertamente la existencia de un conflicto ruso-norteamericano, basado en ideologías y modos de vida frontalmente contrarios, que hacía necesario que Estados Unidos se avocara a evitar la expansión de la tiranía comunista en la comunidad internacional: “...prácticamente todas las naciones se ven obligadas a optar por dos modos de vida diferentes... Una de las formas de vida posible se basa en la voluntad de la mayoría, y se distingue por el libre juego de las instituciones, por la representatividad del gobierno, por la convocatoria a elecciones libres, por garantizar la libertad individual, la libertad de palabra y de culto, y por la total ausencia de opresión política. Otra de las formas de vida se basa en la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y la opresión, en la supresión de las libertades individuales... la política de los Estados Unidos debe ser la de apoyar a los pueblos libres que luchen contra el yugo que se pretende imponerles mediante la acción de minorías armadas o por presiones exteriores.(10)

Este discurso tuvo como objetivo conseguir una ayuda de 400 millones de dólares para Grecia y Turquía, países a los que una debilitada Gran Bretaña retiraría su apoyo. En Grecia se desarrollaba una guerra civil entre un gobierno conservador pro-occidental y guerrillas comunistas y Turquía había estado bajo presión soviética.

En 1947, los ingleses retiraron su apoyo al gobierno de Grecia, que en ese momento estaba ferozmente enfrentado a las guerrillas: La respuesta inmediata de Estados Unidos fue la Doctrina Truman. Esta proclamó un protectorado americano sobre Grecia y Turquía, anunciando que la política de Estados Unidos debe ser la de apoyar a los pueblos libres que estén resistiendo los atentados de subyugación de minorías armadas o de presiones exteriores.

Este discurso, al igual que la Doctrina Monroe, se manifestaba como defensivo, pero a su vez se planteaba explícitamente como ofensivo, las premisas de Truman expresaban de manera directa la oposición a la subversión y al comunismo.

Señalábamos que la Guerra Fría se desató, entre otras cuestiones, debido a los conflictos en Grecia, que generaron el enfrentamiento entre Estados Unidos y la URSS. Ante estos acontecimientos, el gobierno norteamericano comenzó a manejar una serie de alternativas. Entre ellas, la de mayor peso era la de llevar a cabo una intervención directa en Grecia (militar, política y económica) justificada en la defensa de la democracia y basada en la amenaza que esto implicaba para la seguridad a Estados Unidos.

De acuerdo con esta idea, el discurso del presidente Truman tenía que focalizar y dejar en claro las intenciones políticas de Estados Unidos: El tema de nuestro nuevo enfoque debe ser que la seguridad de los Estados Unidos depende de la defensa a todos y cualquier gobierno democrático.(11)

Pero en los años de posguerra, el gobierno norteamericano tuvo que implementar una estrategia muy diferente al unilateralismo de la Doctrina Monroe, era necesario que el país del Norte demostrara que la ayuda y el apoyo que prestaran los países latinoamericanos era clave para la seguridad continental en la cruzada contra el comunismo. En verdad, lo que inquietaba a Estados Unidos era la seguridad norteamericana, pero para ello resultaba indispensable mantener la seguridad continental.

De allí surge la estrategia de la Seguridad Hemisférica y la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). No obstante, no sería conveniente considerar que debido a esta acción continental, el gobierno norteamericano dejó de lado el unilateralismo e incluso el intervencionismo que caracterizó a la mayoría de estas políticas desde la Doctrina Monroe.

Este tratado era ante todo, una alianza defensiva contra posibles ataques provenientes del interior o del exterior del continente: Un ataque armado por cualquier Estado (continental o extracontinental) se considerará un ataque contra los Estados americanos, y por consiguiente, cada una de las Partes Contratantes emprender la ayuda para rechazar el ataque.(12)

Los firmantes de lo acordado en Río de Janeiro se comprometían a condenar formalmente la guerra y se obligaban, en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o las presentes en el mismo TIAR.

En consecuencia, las acciones del gobierno norteamericano se resumen en obtener el apoyo de esta región a sus políticas de Guerra Fría patrocinando por la firma de un tratado de seguridad colectiva suscripto por todas las naciones americanas: el Pacto de Río. La creación del TIAR, como se hizo referencia anteriormente y después la concertación del Pacto de Bogotá, que aportó un componente de seguridad y cooperación colectiva en caso de agresión, que quedó institucionalizado en la formación de una organización regional como la OEA (Organización de Estados Americanos).

En el marco de esa política, se aprobó la Ley de Seguridad Mutua que implicaba un mayor vínculo con América Latina, al menos en el plano militar, ya que permitía la venta de armamentos a aquellos países que desearan contribuir con la defensa del hemisferio (como lo solicitaba el TIAR).

La Doctrina Truman, nos permite observar, a su vez cómo los Estados Unidos se servían de los acuerdos y tratados para fortalecer su hegemonía en el continente, apelando a ellos cuando les era conveniente y desentendiéndose de tales normas cuando contradecían las acciones emprendidas en beneficio de la seguridad hemisférica.

Precisamente, fue en ese período en el que se dio origen a los Programas de Asistencia Militar (PAM) para América Latina, que implicaban el préstamo o la venta de armas y el entrenamiento de militares latinoamericanos.

A su vez, la Ley de Seguridad Mutua citada anteriormente, tenía una contraparte económica que descansaba en la Mutual Security Act de 1951, la cual implicaba el compromiso de diferentes gobiernos latinoamericanos en asegurar las inversiones norteamericanas que fueran realizadas a partir de aquel momento.

Dicho acuerdo hizo posible las garantías del Acta de Seguridad Mutua, protegiendo los inversores norteamericanos de las irregularidades monetarias y de la expropiación que fueran posibles en dicho país. El primer firmante fue el gobierno de Haití, en abril de 1953.

El objetivo era imposibilitar la entrada del comunismo a una región que era considerada patrimonio privado norteamericano desde la formulación de la Doctrina Monroe, en la que los inversionistas norteamericanos jugaban un papel importante en las economías de Centro y Sudamérica, donde su influencia era prácticamente indiscutible.

Al no ver al comunismo como una amenaza verdaderamente real en América Latina, Estados Unidos logró con sus políticas reconciliar sus prácticas contrarrevolucionarias con su compromiso con la autodeterminación. De esta manera, al percatarse signos de peligrosos giros a la izquierda, evidenciados por políticas de neutralidad internacional, nacionalismo económico, reforma agraria, entre otros; las políticas de contención se centraron en presiones y represalias económicas y/o políticas e inclusive la intervención de los marines o del accionar de la CIA (Central Intelligence Agency).

Ejemplo de ello fue Guatemala que, en plena Guerra Fría, tuvo la dudosa distinción de ser el primero en sufrir este tipo de intervenciones. En 1944 había sido derrocada la dictadura del General Jorge Ubico, iniciando el primer período democrático de la historia guatemalteca.

Poco después del golpe, fue elegido presidente Juan José Arévalo, un populista de izquierda que puso en marcha un programa de reformas que continuó su sucesor, Jacobo Arbenz.

En 1952, éste inició un plan de reforma agraria que afectaba sólo a tierras incultas y que incluía el pago de indemnizaciones a los propietarios expropiados (en bonos) en base al valor que los mismos habían declarado a la hora de pagar impuestos. Esta reforma afectaba principalmente a los mayores propietarios, en particular a la United Fruit Company (UFCo), de propiedad norteamericana, a la que se le expropiarían 160.000 hectáreas de tierra.

La UFCo llevaba operando en Guatemala desde principios del siglo XX y a lo largo de los años había adquirido no solo la exoneración de impuestos y controles a la exportación de bananas, sino también control indisputable sobre vastas cantidades de tierras, el ferrocarril - contaba con el 42,68 % de la International Railway of Central America - y el puerto. Además, con el favor del gobierno de Ubico, había llegado a tener una importante participación en la Compañía Agrícola de Guatemala, en la Tropical Radio Telegraph Company y en la Great White Flete.

El gobierno de Eisenhower, cuyo Secretario de Estado - John F. Dulles - era un importante accionista de la UFCo, intervino inmediatamente en favor de la compañía realizando gestiones diplomáticas, aplicando presiones económicas y políticas sobre Guatemala.

Se interpretó la medida reformista no solo como un intento del comunismo internacional de infiltrase en América, sino también como una agresión directa contra Estados Unidos: se acusó al gobierno de Arbenz de no avenirse a las normas mínimas preescritas por el derecho internacional, de estar dominado por comunistas; si bien el Gobierno de Arbenz no era expresamente comunista, los partidos de izquierda eran mayoría en el Congreso y algunos comunistas ocupaban importantes puestos en el Gobierno.

Paso seguido y azuzado por la UFCo, Dulles decidió cancelar la ayuda económica al gobierno guatemalteco, por lo que éste debió volverse hacia la URSS en procura de ayuda de este tipo.

En este sentido, resulta sumamente relevante el hecho de que el Departamento de Estado norteamericano se vio en la necesidad de negar expresa y públicamente que su preocupación por los eventos en Guatemala se debiera a que intereses norteamericanos se vieran afectados, sino que en verdad respondía a la evidencia de la infiltración del comunismo en ese país.

Fue así que en 1954, en la X Conferencia Interamericana de Caracas, Estados Unidos trató por todos los medios de convencer a los restantes países latinoamericanos de que el desarrollo de los eventos políticos en Guatemala constituía una verdadera amenaza para todo el continente. Sin embargo, el sentimiento latinoamericano al respecto se acercaba más al temor de que esta situación reabriese la puerta a la intervención en contra de cualquier gobierno al que los Estados Unidos acusaran de estar bajo el control del comunismo internacional. Esta posibilidad fue la que restringió el apoyo latinoamericano a la política norteamericana de hacer frente al reto del comunismo en el hemisferio.

Fue por ello que, finalmente, la Declaración de Caracas estableció que de allí en más la respuesta a la posible instalación de un régimen comunista en cualquier estado americano, sería una reunión consultiva para adoptar las medidas del caso.

Ese mismo año, Arbenz, probablemente temiendo un golpe de Estados en su contra, trató de negociar la compra de armas a Estados Unidos. Ante la respuesta negativa de Washington para realizar la transacción, que fue seguida de la de otros gobiernos occidentales, Arbenz recurrió a países de Europa Oriental. Para Estados Unidos, ello constituyó un abierto desafío a sus políticas de Guerra Fría, por lo que se abocó a actuar en consecuencia.

Por un lado, suscribió tratados de seguridad mutua con dos de sus países vecinos - Nicaragua y Honduras - enviándoles material bélico. Por otro aprobó, con el aval del Consejo de Seguridad Nacional, una partida presupuestaria de 2,7 millones de dólares para realizar una operación encubierta destinada a derrocar a Arbenz.

La CIA – cuyo Jefe Allen Dulles era además miembro directivo de la UFCo – sería la encargada de equipar y entrenar a un pequeño grupo de exiliados guatemaltecos que se oponían al régimen reformista para llevar a cabo dicha tarea.

Dicha operación fue ejecutada a mediados de 1954, cuando tropas dirigidas por el Coronel Castillo Armas invadieron Guatemala desde Honduras, con el respaldo aéreo de la CIA. El levantamiento encontró poca resistencia, dado que previamente, el embajador norteamericano en el país había logrado convencer a los líderes militares de no intervenir para defender a su gobierno. Arbenz huyó y un régimen militar apoyado por Estados Unidos se instauró en Guatemala.

Entre las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno se contaron la proscripción del partido comunista, la ruptura de relaciones diplomáticas con los países de Europa Oriental y la restauración de las tierras expropiadas a la United Fruit Company.(13)

Si bien durante la Guerra Fría los Estados Unidos han apoyado los procesos de democratización en algunos países también han promovido, en otros, el mantenimiento en el poder de aquellos regímenes autoritarios que demostraban enajenación contra el comunismo. Asimismo, han realizado numerosas intervenciones militares, ya sea para mantener o bien para crear estos tipos de régimen como el caso del Líbano en 1958, Haití en 1959, Chile entre 1964 y 1973, Vietnam entre 1963 y 1973, Nicaragua 1981, entre otros.

Vemos entonces, que la estrategia militar se hallaba vinculada a los objetivos económicos oficiales y privados de Estados Unidos en la región. Este tipo de táctica continental se enmarcaba en una estrategia de contención del comunismo a nivel mundial, lo cual implicaba entre otras cosas, la habilitación de operaciones encubiertas en tiempos de paz, nunca autorizadas por el gobierno norteamericano anteriormente.

Realizada esta reseña acerca de la Doctrina Truman, sería interesante indagar en el aspecto ideológico subyacente a tales premisas. En teoría, los lineamientos del gobierno norteamericano para enfrentarse al comunismo y al socialismo se apoyaban en las idea de liberalismo y democracia, un mundo libre. Pero lo cierto, es que prevalecía en la política exterior norteamericana los objetivos finales del establishment norteamericano.

Más allá de la generalización que podría hacerse o no de estas líneas, queda claro que a fin de comprender las decisiones y acciones del gobierno norteamericano durante la Guerra Fría, como así también quizás de los posteriores gobiernos hasta la actualidad es necesario indagar en aquello que hacía las veces de guía en la política internacional, que al parecer se hallaba estrechamente ligado al poder económico.


4. La Alianza para el Progreso


Después de la revolución cubana en 1959, se pasó de la Doctrina Truman a una estrategia centrada en la solidaridad y la cooperación de Estados Unidos con América Latina, cristalizada en la Alianza para el Progreso de 1961.

Este giro implicaba aparentemente el paso de una política exterior dura a relaciones menos tensas, centradas en el desarrollo económico y social de América Latina. Los principales objetivos de la Alianza para América Latina se hallan en la Carta de Punta del Este de 1961.

La Conferencia de Punta del Este de agosto de 1961, contó con la presencia de la mayoría de los presidentes Latinoamericanos. En el Preámbulo de dicha Carta, se hace referencia al progreso económico, la justicia social, la dignidad y la libertad política.

Las metas planteadas en el primer capítulo proponían disminuir la brecha entre los países industrializados y Latinoamérica, redistribuir el ingreso, diversificar las economías, acelerar la industrialización, aumentar la productividad agrícola, impulsar la reforma agraria, entre otros.

En este documento, hay escasos indicios de la continuidad de la política intervencionista norteamericana iniciada por la Doctrina Monroe y predominan los párrafos dirigidos explícitamente a la necesidad de unir fuerzas en contra del avance del comunismo, como lo planteara Truman.

No obstante, la Alianza para el Progreso, se proponían los siguientes objetivos: lograr que los países latinoamericanos accedieran a gobiernos democráticos y representativos, apoyados por economías viables capaces de participar en la comunidad mundial, posicionándose del lado de las democracias occidentales en la lucha de poder dada por la Guerra Fría.; que lograran satisfacer las necesidades de justicia y bienestar de los pueblos; concientizar a los pueblos y gobiernos acerca de la amenaza comunista, especialmente ejemplificada en Cuba y asegurar tanto la capacidad como la habilidad de Estados Unidos para vencerla.

A fin de lograr estas metas, proponían: atacar las causas de descontento social asistiendo a aquellos países que se esforzaban por lograr el progreso económico y social; fortificar la voluntad y capacidad de los gobiernos, haciendo énfasis en la seguridad interna para vencer las fuerzas aliadas o auspiciadas por el comunismo internacional o por el régimen de Fidel Castro.

Asimismo, el gobierno norteamericano proponía reforzar la solidaridad hemisférica mediante el liderazgo efectivo de Estados Unidos, respetando todos los compromisos interamericanos establecidos, apoyando fuertemente a la Organización de los Estados Americanos (OEA), consultando a los países del continente antes de llevar a cabo acciones que pudieran afectarlos; fomentando acciones colectivas e individuales contra el bloque comunista mediante el control de las actividades, el comercio y las representaciones comunistas; buscando todos los medios posibles, incluyendo las medidas de la OEA.

Estos objetivos se complementaban con los de debilitar, aislar y lograr la caída del régimen de Castro en Cuba y establecer acuerdos de seguridad especialmente en el área del Caribe para vencer posibles intentos del régimen castrista destinados a subvertir los gobiernos del área.

A continuación de estos objetivos político-militares, se planteaban los económicos y sociales: dar prioridad a la ayuda a América Latina para mejoras en salud y educación, para lograr una reforma en sus sistemas impositivos y administrativos, mejoras en las viviendas, una mejor y mas equitativa utilización de la tierra, construcción de caminos, establecimiento de empresas productivas y finalmente, una mejor distribución del ingreso.

Podemos observar que al interior del gobierno norteamericano, los objetivos de la Alianza presentaban una cierta continuidad con respecto a las premisas de la Doctrina Truman: la meta era evitar el avance del comunismo.

Pero retomando las motivaciones del accionar del gobierno norteamericano las posibles respuestas se halla relacionada con la Doctrina de Seguridad interna impulsada por el mismo que respondía al deseo de seguridad en toda América; pero más allá de este aparente altruismo, esto obedecía a los intereses del establishment norteamericano.

La estrategia contra el comunismo se debía en parte al distanciamiento ideológico, pero desde algunas perspectivas se insiste en que la seguridad era necesaria fundamentalmente para mantener los intereses económicos norteamericanos en el área.

Por un lado la idea socialista de organización política, económica y social se presentaba como claramente opuesta al libre mercado y el capitalismo. Por otro lado, aunque tales premisas no llegasen a imponerse, las insurrecciones armadas ponían en peligro la seguridad de las inversiones norteamericanas en América Latina, por ello y debido a la inestabilidad económica de los países latinoamericanos, el gobierno de los Estados Unidos cumplía el rol de garante de las cláusulas de los contratos de inversión con los países latinoamericanos.

Como garante, el gobierno de los Estados Unidos presionaba a los gobiernos locales para que cumplieran con las medidas iniciales. A los países que se opusieran a este mecanismo se les retiraría la ayuda económica. El mismo gobierno norteamericano garantizaba las pérdidas por expropiación o convertibilidad e incluso, los inversores solicitaban al gobierno que se ampliara la protección a riesgos por motines.

De hecho, uno de los golpes militares en la Argentina se dio casualmente después de un importante conflicto entre el presidente Arturo Illia y el gobierno norteamericano, debido a la amenaza de expropiación a las compañías petroleras estadounidenses. Aparece aquí de manera visible el estrecho vínculo entre la importancia de la seguridad militar y los objetivos económicos del establishment norteamericano.

La Doctrina de Seguridad Interna se instaló a continuación de los acontecimientos de Cuba, que pretendía evitar a toda costa una nueva Revolución Cubana, no por las consecuencias en los países latinoamericanos, sino por el peligro que esto implicaba para los Estados Unidos.

Esta doctrina se basaba en eliminar al enemigo interno, no solo en América Latina sino en las demás áreas claves para la estrategia político-económica norteamericana a nivel mundial, sobre todo sus intereses en Oriente Medio.

Volvemos a advertir que el gobierno norteamericano apeló nuevamente a la seguridad - su seguridad - a la seguridad de su mercado, de su economía, pero esta vez sustentado en un discurso de paz y progreso para América Latina.

Vale la pena agregar que a nivel de discurso oficial, la Alianza para el Progreso no sólo otorgaba un mínimo lugar a las operaciones del Departamento de Estado con las Fuerzas Armadas latinoamericanas, que de hecho fueron el eje de la política exterior norteamericana en la década de 1960, sino que ocultaba asimismo las operaciones encubiertas (llamadas black operations) destinadas a la aniquilación de la subversión.

A su vez, como se hizo referencia anteriormente mantenía una cierta continuidad con la Doctrina Monroe, en tanto se aferraba al avance comunista como excusa para la intervención política, económica o militar en el continente - al igual que la amenaza de la Santa Alianza en el s. XIX - pero el peligro del comunismo no era necesariamente inminente.

No obstante, este amenazante avance del comunismo en el continente implicaba la posibilidad y la obligación de intervención por parte de Estados Unidos ante cualquier indicio de amenaza a la seguridad del continente, según John F. Kennedy: Cualquier intervención americana unilateral, en ausencia de un ataque externo contra nosotros o cualquier aliado, sería contrario a nuestras tradiciones y nuestras obligaciones internacionales. Pero esta restricción no es insuperable. Si bien la política americana de la no interferencia solamente implica una política de la no-acción, en caso de que las naciones de este hemisferio fallen en lograr su compromiso contra la penetración del comunismo exterior, entonces, quiero que quede claro que este gobierno no dudará en cumplir con sus obligaciones primarias, relativas a la seguridad de nuestra Nación” (14)

Tanto el gobierno de Kennedy como el de Johnson y el de Nixon se manifestaron proclives a apoyar ante todo la seguridad continental, que sólo sería asegurada si se contaba con Fuerzas Armadas preparadas para enfrentar la subversión. En general, el cumplimiento de este objetivo resultó más inmediato y necesario que el logro del desarrollo económico y social de América Latina.


5. El Informe KISSINGER


Mas allá del discurso de progreso, crecimiento y desarrollo para América Latina propuesto por la Alianza, los resultados no fueron positivos para Latinoamérica. Si bien no se lograron las metas sociales y económicas de este programa, por el contrario sí hubo importantes logros en la contención de la subversión. Sin embargo, desde la perspectiva del gobierno norteamericano, aún persistía la amenaza del comunismo en los países al sur de Estados Unidos.

Esto llevó al gobierno de Richard Nixon (1969-1974) a elaborar el Informe Kissinger, que fue entregado por la Secretaría de Estado a la Casa Blanca el 9 de agosto de 1974 tras el escándalo Watergate. (15)

Este documento se realizó en un contexto interno y externo adverso para Estados Unidos, agobiado por los movimientos sociales de protesta en su territorio, la pérdida en Vietnam, la crisis del petróleo y la expansión del marxismo en diferentes gobiernos del continente e incluso en África; todo ello llevó a Kissinger – Secretario de Estado de Nixon - a realizar un diagnóstico sobre la situación de Estados Unidos y de los países subdesarrollados. El tema principal era el crecimiento demográfico, considerado como factor problemático para la seguridad de Estados Unidos.

Asimismo, era indiscutible el avance de la subversión que inspiraban las guerrillas urbanas en diferentes puntos de América Latina. Esto se complementaba con la amenaza de gobiernos como el chileno, el boliviano, el peruano o el venezolano que habían tomado medidas para nacionalizar sus recursos naturales en la década de 1960 y a principio de los 1970.

El acceso a los recursos naturales constituía la gran preocupación de Henry Kissinger, el crecimiento desmedido de la población en los países del Tercer Mundo, dueños de la mayoría de los recursos naturales implicaría un aumento en el consumo de estas fuentes naturales, amenazando la posibilidad de extracción de los mismos por parte de Estados Unidos.

En este marco, los alimentos eran considerados por el gobierno de Estados Unidos como un arma, en tanto se asistiría con alimentos sólo a aquellos países que se subsumieran a las necesidades de Norteamérica, en este caso a controlar la natalidad, que era un aspecto clave para la seguridad futura de Estados Unidos.

Podemos entender esta estrategia como un mecanismo de intervención indirecta a nivel económico y político, que tenía por objetivo asegurar la obtención de recursos naturales para satisfacer las necesidades de Estados Unidos. A estos fines, no sólo era necesario el control poblacional, sino lograr una estabilidad política en el área capaz de asegurar las inversiones norteamericanas, como bien quedaba expresado en la misma Alianza para el Progreso.

En base a advertencias como las presentes en las recomendaciones de Henry Kissinger y continuando con la política planteada ya en la Doctrina Monroe, el gobierno norteamericano intervino en el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, ya que fue precisamente Kissinger quién advirtió al gobierno norteamericano sobre la peligrosidad de Allende, como también en el Golpe de Estado de Uruguay a principios de la década de 1970, entre otros casos.


6. Documento Santa Fe I


Después de estos acontecimientos y en el contexto dado por la crisis del petróleo que comenzó a sentirse a fines de 1970, un documento clave acerca de los objetivos del establishment norteamericano con respecto a América Latina, fue el Documento Santa Fe I realizado en mayo de 1980.

Debemos recordar que a fines de la década de 1970 y principios de 1980, el gobierno de Jimmy Carter mostró una imagen sensible de Norteamérica con respecto a América Latina, basando parte de su política exterior continental –a nivel oficial- en la defensa de los Derechos Humanos.

No analizaremos aquí las intenciones o el posible oportunismo subyacente a estas acciones, sólo lo mencionamos porque el Documento Santa Fe I fue confeccionado por un sector opuesto a la política de distensión de Richard Nixon (1969-1974) y Gerald Ford (1974-1977) y a la política de Derechos Humanos de Jimmy Carter (1977-1981) suponiendo que tal estrategia finalmente conducía a apoyar a los gobiernos comunistas de la región.

Al igual que lo expuesto en la Doctrina Truman, los documentos extraoficiales de la Alianza para el Progreso y el Informe Rockefeller, la preocupación para este grupo de norteamericanos seguía siendo la subversión y el comunismo en la región, que al parecer cada vez avanzaba con mayor fuerza.

El documento comienza con la siguiente afirmación: El continente americano se encuentra bajo ataque. América Latina, la compañera y aliada tradicional de Estados Unidos está siendo penetrada por el poder soviético.(16)

Inmediatamente después de esta sentencia, se plantea que en esta situación la Doctrina Monroe adquiere vigencia, en tanto se trataba de la lucha de Estados Unidos contra las fuerzas del Viejo Mundo. El Comité de Santa Fe planteaba que en tiempos de la Doctrina Monroe El objetivo de seguridad de Estados Unidos era prevenir que cualquier poder europeo en expansión obtuviera avances estratégicos en el Nuevo Mundo, como resultado de las guerras, alianzas o revoluciones en el Viejo Mundo.(17)

Tales acontecimientos resultaban similares a la amenaza del comunismo después de la Segunda Guerra Mundial. La misión de Estados Unidos era, una vez más, resguardar la seguridad del continente, para reforzar su seguridad interna.

La primera parte del documento está dedicada a la amenaza militar externa y contiene propuestas como la de revitalizar el sistema de seguridad hemisférica apoyando el TIAR. Revivir el Tratado de Río de Janeiro de 1947 resultaba indispensable para enfrentar la amenaza comunista, particularmente en Cuba y el Caribe; asimismo era necesario estimular acuerdos de seguridad contra posibles amenazas extracontinentales y reactivar las tradicionales vinculaciones militares con el continente a través del entrenamiento militar y ayuda a las Fuerzas Armadas.

La segunda parte del informe aborda la subversión interna, en la cual el Comité de Santa Fe aclara la necesidad de reconocer la vinculación entre la subversión interna y la agresión externa. Debían llevarse a cabo estrategias de propaganda clara, diferenciada de los mensajes presentes en los medios de comunicación y en diferentes instituciones, en general hostiles a Estados Unidos. El caso de la iglesia católica se presenta como paradigmático en materia de subversión.

El informe también alberga lo relativo a las políticas económicas y sociales, recomendando el desarrollo de la energía nuclear, el petróleo, etc., particularmente el apoyo tecnológico de Estados Unidos en lo referido a energía nuclear. A su vez, entre otras cuestiones se propone impulsar el desarrollo agrícola y la reducción de aranceles y subsidios norteamericanos a los productos primarios de la región - lo cual ya había sido propuesto a mediados de los 1960, si recordamos la Ronda Kennedy- la modernización de ciertos sectores económicos; la educación, la necesidad de capital privado, el libre comercio y la inversión directa, como únicos medios capaces de generar el desarrollo.

Otro de los puntos analizados en detalle es: el de endeudamiento de los países latinoamericanos y aquí es interesante tener en cuenta que los préstamos canalizados a través de Bancos Multinacionales constituían una de las metodologías a través de las cuales el gobierno norteamericano podía intervenir en la economía de los países latinoamericanos: Las propuestas acerca del problema de la deuda latinoamericana que se hacen en Estados Unidos, generalmente sugieren incrementar el flujo de fondos públicos estadounidenses a los bancos multinacionales (BMN) y renegociar o alargar los plazos de pago de la deuda privada; además, piden al Congreso incrementar su contribución a los bancos multinacionales y proporcionar fondos directos en casos de cesación de pagos.

La participación de tales entes, debía ser complementada con la presencia del Banco Mundial: El Banco Mundial ofrece una gran cantidad de dinero a muchos países. Pero su preocupación principal no es América Latina. El Congreso debería seguir utilizando su influencia, e instando al Banco Mundial a que apoye a las naciones hispanoamericanas que buscan la cooperación con Estados Unidos (…) Una reafirmación del Congreso en estos asuntos sería bien acogida, no simplemente porque es el causante norteamericano quien proporciona fondos sustanciales para estas instituciones, sino también porque el Congreso necesita evaluar la eficiencia general de estos programas y coordinar las políticas económicas directas e indirectas de Estados Unidos.

El Comité de Santa Fe manifiesta explícitamente la función que debería cumplir el BM y la estrecha relación de este organismo con Estados Unidos. Esta propuesta se llevó a la práctica y fue el tipo de política de intervención económica indirecta norteamericana que generó cambios fundamentales en las economías latinoamericanas, incapaces posteriormente de afrontar los altos intereses de la deuda adquirida que precisamente se dispararon en parte debido a desequilibrios en la economía estadounidense.

Vale la pena agregar que tanto el BM como el Banco Interamericano de Desarrollo, desde su surgimiento parecieron responder a los intereses del establishment norteamericano más que a las cuestiones de desarrollo económico y social.

El orden de prioridades presente en este informe es similar al de los documentos extraoficiales de la Alianza para el Progreso, que en lugar de plantear como primordial el desarrollo económico y social, consideraban fundamental la estrategia militar de seguridad interna y continental, como además los medios para lograrla.

Lo anterior se complementa con la idea de que el pluralismo ideológico, fue aplicado a favor y en apoyo de los regímenes de izquierda: El Departamento de Estado parece considerar como idénticos al pluralismo ideológico y a los regímenes internacionalistas de izquierda, por lo que elimina automáticamente a los partidos nacionalistas de derecha o aun a los de centro. Esta aplicación desigual de una doctrina esencialmente correcta, simplemente ha servido para fortalecer el dominio de la Unión Soviética y de sus sustitutos en el Caribe y en América Central.

Podemos sintetizar el contenido del informe en el objetivo de consolidar la seguridad de Estados Unidos, a fin de mantener la posición global de poder de Estados Unidos, la cual descansa sobre una América Latina segura y soberana. (18)

Tal seguridad contara con algún tipo de amenaza directa hacia Estados Unidos o indirecta (en cualquier país del continente) por fuerzas exteriores, el gobierno norteamericano se vería en la obligación de intervenir; pero no debe malinterpretarse está predisposición de los Estados Unidos, ya que no desea perseguir una política de intervención en los asuntos internos y exteriores de cualquier nación latinoamericana, a menos que los Estados iberoamericanos sigan políticas que ayuden e instiguen la intrusión imperialista de poderes extracontinentales por ello Estados Unidos debe desarrollar una política hacia América Latina que fomente la seguridad norteamericana e iberoamericana, que se base en la independencia nacional mutua y en la dependencia interamericana.(19)











































7. Conclusiones


Señalábamos, al comenzar este trabajo que la seguridad de Estados Unidos se constituyó en uno de los elementos claves de la política exterior norteamericana. En los diferentes documentos y discursos abordados pudimos identificar la vitalidad de este elemento para el gobierno norteamericano, aunque también pudimos observar la amplitud y ambigüedad implícitas en el término seguridad.

Se habla de seguridad ante una amenaza, lo que nos lleva a la pregunta: ¿Una amenaza para quién o para qué intereses? ¿Seguridad para quién o para qué intereses? Es decir que nos encontramos con un problema conceptual que tiene, como siempre importantes consecuencias.

Aparentemente la seguridad era para Estados Unidos y el continente, pero de acuerdo a lo revisado en este artículo, los demandantes y beneficiarios de la seguridad al modo en que era promovida por el gobierno norteamericano, al parecer era sólo un grupo selecto compuesto por norteamericanos y latinoamericanos favorecidos por este tipo de política.

A su vez, escudriñando en alguna medida los discursos y los hechos, hemos llegado a la conclusión de que esa seguridad tan general como ambigua puede reducirse a la seguridad económica, es decir a la necesidad de una elite de la sociedad norteamericana de asegurar la instalación y reproducción de la economía liberal-capitalista a lo largo del continente, con el propósito de articular y llevar a cabo sus intereses en un corto, mediano y largo plazo.

A partir de 1823, con la Doctrina Monroe, la seguridad de Estados Unidos se centraba, aparentemente en la amenaza que suponía Europa para los recientes países independientes del continente. Las premisas de Monroe, se suponía, eran una respuesta a la Santa Alianza. No obstante este objetivo de defensa de los demás países del continente frente a una posible invasión extranjera, el gobierno norteamericano se sirvió de esta doctrina para llevar a cabo tanto anexiones territoriales como intervenciones económicas, políticas y militares.

También hemos observado que en muchos casos el gobierno del Norte no apeló a estas premisas, aunque los países sudamericanos en conflicto lo solicitaran. A su vez, remarcábamos que tales anexiones e intervenciones se llevaron a cabo con o sin Doctrina Monroe, es decir, estos lineamientos fueron utilizados por cada gobierno norteamericano adaptándose a determinados intereses, de manera tal que si los mandatos de Monroe no daban los resultados esperados, se apelaba a la diplomacia o a otro tipo de mecanismo más directo.

La continuidad de esta política exterior con la Doctrina Truman puede vislumbrarse en los principios de la Seguridad Hemisférica formulados a partir del enfrentamiento con el bloque comunista. Este discurso era directamente defensivo-ofensivo, planteaba sin demasiados rodeos la necesidad del hemisferio occidental de imponerse ante la avanzada del comunismo, el socialismo, e incluso del nacionalismo. A partir de ese momento el comunismo devino una excusa, más allá de haber constituido o no una amenaza real, que dio al gobierno norteamericano un poder indiscutido en el plano internacional y particularmente en las relaciones con América Latina.

Esta doctrina dura de enfrentamiento directo al comunismo, fue reemplazada por la política de la Alianza para el Progreso de principio de los 1960. Aparentemente, esta Alianza se centraba en el desarrollo económico y social de los países latinoamericanos y en la instauración de regímenes democráticos. No obstante, los hechos demostraron el doble discurso del gobierno norteamericano a lo largo de los años sesenta, cuando se focalizó la política exterior en la Seguridad Interna.

El apoyo del gobierno norteamericano a las Fuerzas Armadas latinoamericanas para lograr reducir la subversión al interior de cada país fue uno de los principales mecanismos para asegurase no sólo la propia integridad territorial, sino para resguardar las inversiones norteamericanas en el subcontinente y asegurar la reproducción de los ideales liberarles-capitalistas en los países latinoamericanos.

Ya a finales de aquella década y principio de los años 1970, el Informe Kissinger expresaban cada vez más desesperadamente la necesidad de frenar el avance del comunismo en la región. A su vez, estos discursos también se centraron en lo económico-social, en los planes para el desarrollo de América Latina, para lo cual se señalaba claramente, era sumamente necesario extirpar el nacionalismo imperante en muchos países de América Latina, reflejado por ejemplo en la creciente demanda de nacionalización de los recursos naturales, objetivo que generaba demasiados problemas para las empresas y el gobierno estadounidense.

El Documento Santa Fe I, retoma el discurso directo de aniquilación del comunismo y la subversión en el área, como principal objetivo. Es difícil comprender el énfasis que se le dio al avance del comunismo justamente a principio de los 1980, cuando a lo largo de los 1960 y 1970 ya se había contenido a toda agrupación, persona, organización, etc., que se hallara vinculada con la propagación de ideales comunistas, socialistas, nacionalistas, etc. No obstante estos hechos, el comunismo seguía siendo una excusa funcional para la política exterior norteamericana.

A fin de resumir, podemos decir que la estrategia de Estados Unidos respecto a América Latina desde la Doctrina Monroe se basó en instancias legales e ilegales-legítimas, que otorgaban legalidad a los actos de intervención norteamericanos, al interior de su establishment. Los acuerdos y tratados con los países latinoamericanos eran un recurso legal tanto para los Estados Unidos como para los demás países del continente, pero si los lineamientos de estos acuerdos contradecían los intereses del gobierno norteamericano, eran dejados del lado y reemplazados por prácticas ilegales e ilegítimas para el resto de los Estados, intervención económica, política y militar, pero aparentemente legítimas para el país del Norte.

…podemos decir que la estrategia de política exterior norteamericana se centraba en primer lugar, en la intervención económica para lograr luego una desestabilización política que justificara una intervención armada, directa por parte de las Fuerzas Armadas norteamericanas, o indirecta apoyando al ejército de cada país…”(20)

Para finalizar, a partir de lo trabajado en este artículo, que la seguridad presente en la política exterior norteamericana de mediados del siglo XIX, mantenía un estrecho vínculo con la seguridad económica, con la seguridad en la reproducción de un sistema que resultaba funcional a los intereses de la clase dominante norteamericana.

Actualmente, quedado fuera de la escena internacional la percepción del enemigo común que encarnaba la Unión Soviética, el Islam o terrorismo islámico se convirtieron en la principal amenaza. Pareciera ser que la imagen del Viejo enemigo de la Guerra Fría hubiese sido simplemente adaptada, como si la palabra Soviético o comunista hubiese sido simplemente reemplazada por el término Islámico o terrorismo. A través de éste análisis puede entenderse la Invasión a Irak en el 2003 o la actual crisis con Irán, como una continuidad de ésta política por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

8. Notas


1 – 2. Diccionario Real de la Academia Española.

3. Chomsky en Dieterich. Ob Cit

4. Pereyra. Ob. Cit

5. Morales Manssur. Ob. Cit

6-7-8-9. Pereyra. Ob. Cit.

10-11. Discurso del presidente norteamericano H. Truman, devenido luego en la Doctrina del mismo nombre al Congreso norteamericano el 12 de marzo de 1947. (Doctrina Truman, 1947, Truman presidential Museum & Library).

12. TIAR.

13. Cuesta María, Antonio. Ob. Cit.

14. United States Department of State. Kennedy Administration. Address before de American Society of Newspaper Editors, Washington, April 1961.

15. Debemos aclarar que este material fue desclasificado recién el 7 de julio de 1989, lo que entre otras cuestiones, da cuenta de su importancia para el gobierno y de la no conveniencia de su publicación al momento de su elaboración.

16-17-18-19. Documento Santa Fé IV.

20. Moniz Bandeira. Ob. Cit.







9. Bibliografía


- Boersner, D. 1982 Relaciones internacionales de América Latina. Breve Historia. México: Nueva Imagen.


- Calcagno, A. y Calcagno, E. 1999 La deuda externa explicada a todos (los que tienen que pagarla) Buenos Aires: Catálogos.


- Chomsky, N. 1996 El nuevo orden mundial (y el viejo). Barcelona: Crítica.


- Cuesta María, Antonio. Guatemala. La utopía de la Justicia. 1° Edición. Madrid. 2001.

www.rebelión.org/cultura/guatemala.pdf.


- Dieterich, H. 2004 Noam Chomsky habla de América Latina. Buenos Aires: Nuestra América.

- Moniz Bandeira, L.1994 Argentina, Brasil y estados Unidos. De la Triple Alianza al MERCOSUR. Buenos Aires: Norma.


- Morales Manssur, J.C. “La doctrina Monroe y el panamericanismo: dos propuestas y un mismo fin continental” 2005.


- Pereyra, C. 1959 El mito de Monroe. Buenos Aires: El Bhuo.


- Rapoport, M. y Laufer, R. “Los Estados Unidos ante Brasil y Argentina. Los golpes militares en la década del ‘60” Estudios disciplinarios de América Latina y el Caribe, vol 11, nº 2 julio-diciembre 2000.


10. Documentos


Doctrina Truman, Truman presidential Museum & Library.

http://www.trumanlibrary.org/whistlestop/study_collections/doctrine /large/index.php


“Carta de Punta del Este”. El Trimestre Económico. V. XVII, nº 112. México: 1961.


Informe Kissinger, 1974. http://www.seprin.com/informes/nssm200.htm marzo 2000


Documento Santa Fe I, 1980. http://www.nuncamas.org/document/docstfe1_00.htm


Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, 1947

http://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/b-29.html

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